te veo. No te veo, pero casi te veo. A pesar de que me cuesta recordar tu cara frente a mi, sin pantallas, la fijo transparente sobre el cristal que te separa del frío y del mundo. Ojeras incomprendidas muestran su enfado a tu falta de sueño. Tu sonrisa antidisturbios disuelve la manifestación y roza las líneas difusas de lo que queda del paisaje al dividirlo por la velocidad. Las horas sólo son horas dentro del calidoscopio. Tu, carretera, verdes, abrigo, vacas, sueños, risa, casas, rojos, empanada, azul, roca, promesas, caballo, vieja. Pedacitos chicos de cristal construyen el caos en el aire caliducho que te mece.
Y un alguien, de los que se sientan a ver pasar los coches, te toma por idiota. Porqué sólo los idiotas sonreímos dentro de un autobús.